Julio Carreras (h)

Quipu editorial

Julio Carreras (h)

El periodismo me eligió sin consultar. Al advertir que era posible expresar mi percepción del universo en palabras impresas, deseé llegar a escritor. Antes de ello los periodistas Di Piazza y Farreras, de El Liberal, me habían propuesto escribir comentarios sobre música para ese diario: pero no lo había tomado más que como una especie de juego. Recién cuando, acuciado por una necesidad interna -en 1972-, empecé a buscar explicaciones, y quise actuar al mismo tiempo para solucionar algo de los espantosos problemas que en el mundo existían, comencé también a escribir dotando a mis palabras de un carácter más poderoso que cualquier otra arma. Salieron entonces volantes, artículos, publicados rápidamente en revistas alternativas.
En enero de 1973 decidí fraguar una extensa novela, cuyo núcleo impulsor sería un corazón en el infierno. Mi novia Clara había muerto, junto a nuestro retoño; yo me sentía tan culpable que jamás odié a nadie tanto como a mí mismo en aquel momento. La situación me parecía extremadamente irreal, además; entonces quise escribir todo por si en algún momento despertaba.
Simultáneamente, una relación que entonces creí casual induciría mi designación como corresponsal en Santiago del Estero de la revista Nuevo Hombre -dirigido entonces por Silvio Frondizi. Pronto me propondrían ingresar a la revista Posición. Eran, ambas, publicaciones de izquierda revolucionaria. Posición se editaba en Córdoba, tiraba 5.000 ejemplares -que se vendían principalmente allí, y también en Tucumán, El Chaco, Santiago del Estero, Rosario, Santa Fe-. Nuevo Hombre tiraba unos 20.000 ejemplares, que se distribuían por todo el país.
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Foto lateral: el autor con Patricia Iezzi, dottoresa in Lingua Straniera, en Castilenti, Italia, abril de 1995.